Cómo nos engañan las cámaras de cine...

Una forma muy habitual en la que nuestros ojos nos confunden y no siempre vemos lo que en realidad es, es precisamente a través del cine y la televisión. Para empezar, tenemos el mito de que la cámara engorda, o al menos esa es la excusa de que toda la gente que trabaja en el medio intente cuidar al máximo su línea, aunque la verdad es que hay algunas personas que cuando salen de plató no presentan ninguna diferencia de peso en vivo; quizá no sea para tanto, y entonces encontramos dos extremos: los que se obsesionan con ello y andan siempre pendiente de sus kilos, y los que pasan completamente y dejan que sus cuerpos cambien a su antojo sin hacer poco más.


Pero si hay un medio en el que realmente podemos decir que lo que vemos no puede ser, por imposible, es en el cine porno. ¿Alguna vez os habéis fijado en esas tías de cuerpos perfectos, y en esos tíos de pollas grandes? Es bastante improbable que tanta perfección sea posible, y con las nuevas técnicas informáticas de retoques, podemos estar seguros de que nos meten gato por liebre con toda la comodidad del mundo. Y aunque pudiéramos creer que las actrices porno pudieran tener ese aspecto real aunque fuera a golpe de bisturí, sería imposible disimular las trancas que les vemos a sus partenaires dentro de un pantalón sin que el busto fuera descomunal. En fin, ilusiones de la estética, ayudadas pro un poquito de tecnología.

Realmente, estas licencias que se toman en el cine para adultos puede traer bastantes problemas de tipo psicológico a los propios aficionados al medio. ¿Quién no querría tener por mujer, novia, amante o simplemente rollo de una noche a esos pibones que en las pelis parecen tan accesibles? ¿Y quién no querría ser un hombre con una polla de 20 cm, y practicar porno anal con una de esas guarras que parecen tener el culo siempre abierto, como un supermercado de 24 horas? Cualquiera podría obsesionarse con eso, sin percatarse no sólo de que todo ese cine es ficción, sino de todos esos arreglos y retoques de postproducción que embellecen y perfeccionan todo de tal manera, que ya no concebimos que pueda ser de otra manera.

Claro que realmente este no es un pecado sólo del porno, ni mucho menos. En cualquier película que se precie, los actores protagonistas son mejoradas con planos, escenas y ángulos especialmente buscados para ellos; y en ocasiones, hasta usan a otros actores cuando deben mostrar partes de su cuerpos que no son tan perfectas como deberían, o como deberían ser. Estas son prácticas habituales, pero claro, en el cine convencional uno no se obsesiona tanto con el aspecto, ni con esa apariencia perfecta que muchos de los intérpretes tienen; pero en el caso del cine porno, es fácil confundirse y querer vivir exactamente las experiencias excitantes que viven los protagonistas, y para ello pensamos que ciertos atributos físicos tiene que ser completamente imprescindibles.

En fin, quizá lo mejor es no pensar demasiado en ello, pero sí tener en cuenta que todo el cine y la televisión es un mundo mágico donde las cosas no son lo que parecen; son siempre mucho mejor, pues de ellas se alimentan nuestros sueños y fantasías, pero recordemos que después hemos de volver al mundo real. Y allí esas cosas, aunque no sean tan perfectas, son las que nos pueden hacer feliz y hacernos la vida agradable. No debemos confundir la fantasía y la realidad.